jueves, 17 de septiembre de 2009

Mis cuentos: "La lucha por los sueños"

Había una vez un osito llamado Conito que cruzaba el último año de secundaria y estaba cercano a empezar la universidad.
Conito desde pequeño quería ser médico, pero sus padres no lo apoyaban. Él era un osito muy inteligente y muy amable, por lo cual tenía muchos amigos. Sus mejores amigos eran una gatita llamada Kumi, una ovejita de nombre Mina y un chanchito llamado Rufín. Con ellos iba a todos lados, los quería mucho y sabía que podía contar con ellos pase lo que pase.
Un día, saliendo del colegio, Conito fue a recolectar frutas con sus amigos al bosque como todos los días y de pronto se apareció su vecinita Eva, que era una ratoncita y le contó que escuchó gritos en casa de él, al parecer sus padres habían discutido.
Al escuchar esto, Conito se fue corriendo a casa y encontró a su madre llorando. Al preguntarle qué le sucedía, le dijo que su papá se había ido de la casa y que sería muy difícil que regrese ya que las cosas entre ellos no iban muy bien.
Conito estuvo mucho tiempo deprimido y poco a poco se fue alejando de sus amigos, ya no quería ir a recolectar frutos saliendo del colegio, no se reía de las bromas que se hacían, andava triste y sus ojos siempre estaban rojos como si hubiese estado llorando; pero al llegar a casa su actitud cambiaba, se mostraba de manera natural para que su madre no se dé cuenta de que en realidad la separación de sus padres le había chocado.
A pesar de todo, Conito se esforzó más en el colegio y subió en sus notas, él creía que esa era la mejor manra de hacer que su madre se sienta bien y trate de olvidarse de los problemas que tuvo con su esposo.
Una tarde, saliendo del colegio, Kumi, Mina y Rufín fueron al bosque como de costumbre y se encontraron con la ratoncita Eva, quien les contó lo sucedido en casa de Conito. Sus amigos se dieron cuenta del sufrimiento por el que estaba pasando su amigo y el por qué de su distanciamiento. Decidieron organizarle una fiesta sorpresa para poder alegrarlo y así lo hicieron.
Conito se dio cuenta que tenía amigos de verdad, que estaban con él en las buenas y malas, que no lo dejarían de lado por sus problemas, sino que lo apoyarían.
El pequeño osito cambió de actitud y se llenó de fortaleza. Se dio cuenta que la separación de sus padres no podía derrumbarlo y al mismo tiempo entendió que debía luchar por sus sueños: él quería ser médico.
Si bien es cierto, su economía había disminuído notoriamente, ya que era su padre quien antes se encargaba de los gastos del hogar y su mamá ahora ahorraba hasta el último centavo para darle lo necesario, así que decidió hacer sus tareas del colegio por las tardes y trabajar por las noches para él mismo solventar sus estudios.
Comenzó a trabajar en KFC y aunque el cansancio era mucho, él seguía y seguía, porque sabía que si quería realizar sus metas tenía que luchar por ellas y nada ni nadie lo detendría.
Antes de culminar el colegio, con sus ahorros Conito se inscribió en el examen de admisión de San Marcos en Medicina Veterinaria y logró ingresar en primer puesto. Su madre se sintió muy orgullosa y se dio cuenta que su hijo se había convertido en un ser muy fuerte y luchador que no dejaba que los obstáculos logren vencerlo, sino que se esforzaba por superarlos.
Sus amigos estaban también orgullosos de él y decidieron trabajar con él en el KFC. Siguiendo el modelo de Conito, empezaron a luchar por sus sueños: Kumi comenzó a estudiar diseño gráfico en la ISIL y como era muy buena en ello la llamaron para trabajar en Japón; Mina se convirtió en una excelente cheff y la llamaban de muchos países porque su sazón gustaba a todos; Rufín estudió administración de empresas y consiguió contratos en empresas muy destacadas, y Eva también ingresó a la universidad San Marcos en Medicina Veterinaria, consiguiendo empleo en el mismo hospital que Conito.
A pesar de los rumbos distintos que tomaron sus vidas, estos amigos siguieron viéndose y contándose sus nuevas experiencias. Ni la distancia pudo con ellos, seguían manteniéndose unidos como hermanos, todos lograron concretar sus metas y le demostraron a los demás que nada es imposible y que los sueños por más utópicos que sean se pueden concretar si luchamos por ellos y creemos en nosotros mismos.




FIN






Moraleja:



Si nosotros queremos algo, debemos luchar por ello así los demás se interpongan y nos desmoralicen. Si creemos que eso es lo que queremos en realidad, debemos superar los obstáculos que se nos presenten en el camino.

Lo que hace falta es tener fe en nosotros mismo y saber que todo lo podemos conseguir. Además, nunca estamos solos, siempre habrá personas que nos alentarán como nuestras familia y nuestros amigos.



Vanessa Barreda Montoya

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